
Sobre cómo hacer y qué hacer con las palabras.
Uno de estos días alguien me contaba que quería aprender literatura, que quería saber más de libros, que quería leer listas de libros recomendadas y calificadadas como literatura...Todo un desafío para opinar y sugerir más que recomendar. Me sentí bastante desnuda y desarmada, yo que siempre voy con la insignia literaria encima, me quedé muda...y es que entre más disfrutas de la totalidad de lo que las palabras te sugieres más amas la fecundidad de las mil maneras en que aquellos libros te susurran cosas, te esbozan realidades, espacios y seres.
¿Qué puedes sugerir que ya no se haya sugerido? Creo que cada uno como lector debe abordar la aventura, es casi una relación amorosa entre uno y el otro, en donde todo lo que es la palabra te seduce, desde el título hasta el nombre del autor...es el preámbulo y la invitación vertiginosa a dejar caerte por sobre cada línea y detenerte en cada palabra en dónde buscas aquella magia seductiva.
Por otro lado, quién mejor que Neruda para hablar de lo que se pueden hacer con las palabras, la sensualidad con las cuales seducen nuestros sentidos...
Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan,
las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las
inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que
de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores,
saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo
algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi
poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando y las atrapo, las
limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas,
vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas,
como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me
las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo
como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida,
como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en
la palabra.
Pablo Neruda, Confieso que he vivido. Memorias, 1974


Deliciosa re-entrada, Maritza.
ResponderSuprimirEsto me recuerda una noticia que apareció hace muchos años en la prensa. Un hombre, gitano para más señas, entró en una librería y le dijo a la librera: "-Póngame 3.000 duros [monedas de 5 pesetas] de poesía. Son para mi hijo. Quiero que lea poesía."
Maravilloso, ¿no crees?
Me encanta como escribes!!!Sabes que no soy muy entendida en literatura y quizás nunca llegue a percibirla como tú lo haces;pero lo que sí me gusta es la forma en que tu expresas tus escritos
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